Playas de Papagayo

Papagayo es la sorpresa de Lanzarote. Al sur del sur, entre la lava y el mar en el Monumento Natural Los Ajaches, un oasis sensorial está esperando a que tú lo descubras. Que te enamores de él depende un poco de tí.

A los pies de los volcanes más antiguos de Lanzarote, los Ajaches, al sur de la isla y tras un páramo casi desértico, aparece Papagayo: una sucesión de calas de arena dorada y aguas claras abiertas al Atlántico, protegidas por acantilados de antiguas coladas.

Muy cerca de Playa Blanca, la principal localidad turística del sur —con puerto deportivo y comercial, una amplia oferta hotelera, de restauración y ocio, y un paseo marítimo de once kilómetros—, en el Monumento Natural de Los Ajaches y hacia el sureste, se suceden las calas de Papagayo: Playa Mujeres, Caletón del Cobre, Caletón de San Marcial, Playa del Pozo, Playa de la Cera, Playa de Papagayo, Caleta del Congrio y Puerto Muelas.

Papagayo está enclavado en el macizo de los Ajaches, una de las formaciones más antiguas de Lanzarote. Se trata de un paisaje muy erosionado con más de diez millones de años. En él se reconocen aún antiguas coladas, dunas, cárcavas, niveles de playas fósiles y diques volcánicos, como la pared de roca que corona la cala de Papagayo, con unos once millones de años. Todos, testigos de un tiempo en el que el mar cubría cotas hoy elevadas.

Dentro de este paraje y cerca de la franja urbana, se localiza el enclave de San Marcial del Rubicón, considerado el primer asentamiento europeo en Canarias. Fundado y consolidado entre 1402 y 1404, este yacimiento, en el que se sigue excavando e investigando, conserva restos arqueológicos: pozos, plantas de viviendas, enterramientos, estructuras defensivas y la planta de una antigua iglesia.

Para ver de cerca toda esta riqueza hay una red de senderos con diez rutas definidas, incluida la zona de las playas. Aparte de esto, entre la carretera y la orilla distintas pistas de tierra llevan a cada una de las calas del Monumento Natural de Los Ajaches, espacio protegido desde 1994.

Papagayo no siempre se muestra igual. A veces está muy concurrida; otras, se muestra casi en su estado original. Son momentos… Incluso así, descubrirlo pasa por detenerse en los matices —en la luz, el contraste, la roca volcánica, el agua—. La mirada cambia la percepción del lugar. Además, Papagayo está siempre ahí, con toda su belleza. Que llegue a enamorarte también depende de ti, de tu momento.

spot_img

Debes leer

Artículo anterior