La revista de Lanzarote

Mil y un gofres

Como en los cuentos orientales, pocos ‘soportes’ te ofrecen más fantasía y también, más sabor, versatilidad y posibilidades de acompañamiento

Existen, aunque no tal como los conocemos hoy, desde la noche de los tiempos. Grecia, Roma, la Edad Media… El referente histórico más antiguo habla de su introducción en América por colonos belgas hacia 1620. Y ubica a Bélgica como su cuna más importante. En términos generales, se elaboran a partir de una masa de harina de trigo, margarina, agua, azúcar, huevo, leche y sal que se tuesta a modo de prensado en una plancha caliente, que es la que les da la forma.

Hay diferentes tipos repartidos por el mundo, con variaciones en sus ingredientes y su presentación, pero todas ellas coinciden en señalar al gofre como un soporte o continente fantástico para otros alimentos, tanto dulces como salados. Y luego está la imaginación que tú le pongas, tanto a su elaboración como a su acompañamiento y disfrute. Entre otras variaciones están el gofre con masa de pizza, gofre para veganos, gofre para celiacos…

El referente europeo y más tradicional es el gofre belga, de forma ovalada, sabor muy dulce, bordes irregulares y veinticuatro agujeros. La masa del gofre de Bruselas es mucho más ligera y agujeros más grandes. El de Lieja es más dulce porque se le añade caramelo en la cocción y suele comerse sin ningún complemento o ‘topping’.

La masa del gofre estadounidense o ‘waffle’ es más parecida a la de los crepes y no suele llevar azúcar. El gofre de Virginia emplea harina de arroz o millo (maíz) en vez de trigo. Y en Hong Kong, los ‘bubbles waffles’ son gofres hexagonales cuyos huecos cuadrados hinchan creando burbujas. Son crujientes por fuera y muy esponjosos por dentro y se pueden hacer tanto dulces como salados. Además de estos, en el Reino Unido hay una variedad de papa ‘potato waffle’ y otra en Lille (Francia) ovalado, relleno y con azúcar moreno o vainilla.

Por supuesto y en cualquiera de sus variantes, nadie prohíbe que puedas combinar gofres dulces con acompañamientos salados o viceversa. Y aunque el chocolate sea su principal aliado, el listado es infinito: chocolate, chocolate blanco, nata montada, Nutella o Nocilla, leche condensada, dulce de leche, caramelo, helado, siropes varios, frutas varias. O en salado: guacamole, mayonesa, sobrasada, queso derretido y/o rallado y/o en lonchas, cebolla caramelizada o crujiente, salsas varias, jamón o beicon, rúcula, canónigos, tomates, patés…

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