El estilo Ibiza convierte el blanco en protagonista absoluto. Paredes, techos, sofás y textiles claros multiplican la luz natural y generan amplitud. Se suman: madera envejecida, lino, algodón, ratán, barro cocido o fibras vegetales. Propone una forma de habitar.
La decoración huye de la saturación y apuesta por piezas escogidas: lámparas orgánicas, cerámicas, cestas o plantas mediterráneas. El mobiliario, bajo, cómodo y de líneas sencillas. Los tonos arena, tierra y pequeñas pinceladas azules evocan la costa y la naturaleza.
Bebe de la arquitectura popular mediterránea. Las casas tradicionales de Ibiza tienen muros encalados, volúmenes sencillos, patios, cubiertas planas y ventanas pequeñas para combatir el calor y aprovechar la luz natural. Se suman influencias árabes y norteafricanas, con una estrecha relación con la sombra y el agua. La llegada en los sesenta y setenta de artistas, viajeros y comunidades hippies dio al ‘Ibiza Style’ una nueva capa cultural y su carácter bohemio.
Puede entenderse como un cruce entre la sensibilidad mediterránea y la libertad decorativa del universo boho. Toma de este la naturalidad, el gusto por lo artesanal y cierta informalidad elegante. También hay una conexión con la estética de César Manrique en el uso del blanco, la espacialidad, la integración de elementos naturales y en la idea de que la casa respira al ritmo del paisaje.




