Alejandro Hernández Hernández, árbitro mundialista

El arbitraje lo viví en mi familia desde muy pequeño, ya que mi padre y mi tío fueron árbitros. Eso hizo que probara y me iniciara. Reconozco que hubo dudas en mis comienzos pero, desde mis primeros partidos, me di cuenta de que quería seguir disfrutando del arbitraje. Lo que empezó como un hobby se convirtió en una verdadera pasión y, a la postre, en mi profesión.

¿Ser el niño diferente en los recreos te generó algún problema?
En los recreos jugaba al fútbol como uno más. No por el hecho de ser árbitro se tiene la sensación de ser el niño diferente. Yo viví mi juventud y mi adolescencia con absoluta normalidad, como cualquier otro chico de mi edad, sólo que los fines de semana saltaba al campo no para jugar un partido, sino para arbitrarlo. Además, arbitrar a tantos chicos de todos los pueblos de la isla me permitía conocer a muchísima gente. Mi círculo se amplió exponencialmente.

¿Quién es Alejandro Hernández Hernández cuando no lleva silbato ni tarjetas?
El orgulloso padre de dos niñas maravillosas a las que intentamos educar y cuidar de la mejor manera posible. Les damos todo nuestro cariño y nos volcamos en estar siempre ahí, aunque por mi profesión muchas veces me separe la distancia.

Cuando termina el fútbol… ¿Con qué te diviertes?
En casa somos muy de cine. A mí particularmente me gusta el ritual de ir a una sala para ver una película como Dios manda, palomitas incluidas. Y ahora es costumbre familiar. Por otro lado, siempre son bienvenidos un almuerzo o una cena con amigos o con la familia, de esos con una sobremesa larga. Son los momentos que más me llenan y con los que más disfruto.

¿Lanzarote sigue presente en ti?
Una de las cosas de las que más orgulloso me siento es de la tierra a la que pertenezco. Lanzarote es una isla maravillosa en todos los sentidos y presumo de ella allá donde voy. Allí nací y he vivido la mayor parte de mi vida. De hecho, siento que sigo siendo el niño que paseaba por Arrecife. Ahora, por motivos profesionales, vivo en la península pero vengo tantas veces como puedo para disfrutarla con mi familia. Creo que no hay mejor lugar en el mundo para vivir y cuantos más lugares conozco, más convencido estoy de ello.

¿…Y qué quieres ser de mayor?
Árbitro de fútbol, que aún me queda cuerda para rato. Estoy convencido de que, cuando cuelgue las botas, seguiré vinculado al mundo del arbitraje. Será positivo ayudar a las nuevas generaciones aportándoles todo el conocimiento y la experiencia profesional acumulados. El arbitraje me ha dado mucho a nivel personal y profesional y siento que debo corresponderle con mi aportación a la formación y el apoyo a los árbitros del futuro.

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