En los países anglosajones ‘Friendsmas’ es una forma ya asentada y reconocible de celebrar la Navidad entre amigos, bien como complemento, bien como alternativa a las reuniones familiares. En las páginas de decoración, Real Homes, por ejemplo, propone para las ‘Friendsmas’ libertad vs tradición: más color, adornos inesperados, iluminación de neón.
La cultura mediterránea, más tradicional y familiar, podría acercarse a esta idea como una ‘Navidad Erasmus’: la celebración con esa familia construida entre amigos, compañeros y personas de distintas procedencias, con el piso compartido como hogar.
Y la diversidad por necesidad se traslada a la decoración navideña como heterogeneidad deliberada. Sin una paleta. Sin reglas. Funciona porque es sumatoria, porque es plural y no necesita ser armónica. Cada cual aporta un adorno, una receta, una costumbre o un recuerdo de su lugar de origen y se construye entre todos una Navidad diferente, en la que la celebración gana por goleada al contexto.
En Lanzarote, con una sociedad concéntrica, tenemos un núcleo local mayoritario muy vinculado a la Navidad familiar tradicional y una periferia orbital, muy diversa, articulada en buena medida alrededor del trabajo. Europeos, peninsulares y una importante comunidad latinoamericana crean vínculos afectivos lejos de sus lugares de origen. La familia que toca frente a la construida y la Navidad como momento de unión.



