Las nuevas herramientas de creación digital y la IA han abierto un universo paralelo al del diseño tradicional del automóvil. Plantean un reto a los ingenieros y desafían a la industria porque cada vez son más verosímiles.
Ojeas tu Instagram o te distraes haciendo ‘scroll’ en Facebook y te aparece un phaeton 2.0 espectacular, con un diseño inspirado en los coches americanos de los años 50, pero con un toque futurista, un nombre sugerente como Canary y un motor que ruge al nombrarlo: 5.5 litros V10. Buscas en Internet y resulta que no existe.
Algo parecido ocurre también en la arquitectura. El estilo Neocosmic ofrece espacios premium que desafían los límites de la imaginación. Son espectaculares pero habitables y tampoco existen más allá de Internet. En la arquitectura, en el motor y seguramente ya en otros ámbitos, la creación digital y la Inteligencia Artificial (IA) como herramienta están desafiando a la realidad y al futuro.
El diseño de los coches ‘se ha derramado’ fuera de los estudios de los ingenieros y creativos de las marcas. Hoy, diseñadores y creadores digitales como Khyzyl Saleem, Rossty3D, Johnny_ Rush_, o Paynes utilizan indistintamente el dibujo a mano, el modelado 3D y la inteligencia artificial como herramienta para dar forma a vehículos que, aunque no existen, resultan sorprendentemente verosímiles.
En sus perfiles de redes sociales puedes ver un inagotable catálogo de reinterpretaciones de modelos clásicos, versiones retromod, concept cars futuristas e incluso fabricantes imaginarios capaces de construir una identidad propia. Este Canary 5.5L V10 es un ejemplo. Podría perfectamente salir del taller de un constructor artesanal. Y, una vez visto, quién sabe. Igual sale.
Igual que tú te lanzas a buscarlo en Google o le preguntas a la IA porque te parece tan real que te cuesta entender que no lo sea, este nuevo universo creativo digital se plantea como un desafío para los diseñadores de coches que sí ruedan por las carreteras. Y mientras esperamos que pasen o no por el ojo de esta aguja, igual se abre una puerta a ingenieros que sí se atrevan a construirlos por encargo. El precio ya será tema de otra conversación.


