No procede del desierto. No le gusta el sol abrasador. El cactus de Navidad es una planta tropical que rompe los tópicos de su familia con una espectacular floración invernal y una sorprendente longevidad.
El cactus de Navidad pertenece al género Schlumbergera, originario de las selvas húmedas del sudeste de Brasil. Lo reconocerás por sus tallos verdes, carnosos y segmentados, que al crecer se vuelven colgantes. De hecho, en su hábitat natural vive sobre árboles y rocas, protegido del sol directo. El clásico es Schlumbergera × buckleyi, híbrido de S. truncata y S. russelliana, aunque también se comercializa bajo ese nombre común: S. truncata.
Se adapta bien a Lanzarote, pero con condicionantes. Al ser tropical, necesita mucha luminosidad, pero no el intenso sol directo de la isla. Para el exterior, búscale un lugar luminoso pero protegido. En interior, ubícalo cerca de una ventana, con sol indirecto o semisombra. Agradece las temperaturas suaves y cierta humedad ambiental. No tolera los cambios bruscos.
Necesita un sustrato ligero y bien drenado y una maceta que permita evacuar fácilmente el exceso de agua. El riego debe ser moderado. Espera a que empiece a secarse la capa superficial de tierra antes de volver a regar. Nada de encharcamiento. Y tras la floración puedes reducir el aporte de agua.
Durante la primavera y el verano, su periodo de crecimiento, puedes aportarle periódicamente un fertilizante para cactus o plantas de interior. Desde marzo o abril, una vez terminada la floración, puedes trasplantarlo si la maceta se ha quedado pequeña y darle una poda ligera para controlar su porte y favorecer la ramificación. También es el momento para su propagación, mediante esquejes de varios segmentos del tallo.
La floración invernal es su principal atractivo. Sus flores tubulares aparecen en los extremos de esos tallos y pueden ser rosas, rojas, blancas, anaranjadas, crema, amarillas o púrpuras. Cada flor permanece abierta varios días y el conjunto puede mantenerse florido durante varias semanas.
Para estimular una nueva floración, durante el otoño conviene evitar la iluminación artificial nocturna, que puede dificultar la formación de capullos. Los cambios bruscos de temperatura y riego también pueden provocar su caída. Superado ese pequeño ritual, la recompensa puede repetirse durante muchos años. Bien cuidado, un cactus de Navidad vive durante décadas. Puedes incluso dejarlo en herencia.



