Es el dulce típico de la Semana Santa y en Canarias son distintas. De masa, en lugar de las de pan extendidas por toda la península. Preguntamos la auténtica receta tradicional a una abuela canaria. Adela Mendoza González enumera los ingredientes y explica su elaboración reproduciendo mentalmente como si las estuviera preparando, con mucha más sabiduría que precisión y con el aval de la experiencia.
“Pones un cazo –relata- con un litro de leche entera a medio fuego, con una cáscara de naranja y otra de limón. Antes de que rompa a hervir, lo apartas. Sacas las cáscaras y dejas enfriar”.
“Mientras –prosigue- en un vaso de batidora, pones cuatro huevos, la leche ya fría y colada y entre dos y cuatro cucharadas de azúcar. Ya eso según te guste de dulce. Lo suyo es ir probando. Bates y vas añadiendo, sin dejar de remover, harina para bizcocho. No debe quedar demasiado líquida ni tampoco seca”.
“Lista la masa, -explica Adela- la vas friendo en aceite bien caliente. Con un cucharón de madera coges masa y la viertes en el aceite, extendiéndola. Cuida que no se quemen y les das la vuelta cuando estén ligeramente doraditas. Ya en el plato, espolvoreas con azúcar”.
“Con esas cantidades –asegura- da para una fuente generosa” y “yo le añado pasas y a algunas en lugar de azúcar les pongo miel”.



