La capital de Estonia representa muy bien la actual identidad bipolar del país, medieval y digital. Además, es tranquila, con poca gente y mucha naturaleza espectacular.
En invierno hace mucho frío, entre -5oC y -15oC, y hay pocas horas de luz. Pero, muy abrigado, verás la versión más real y auténtica de Tallin. Te será más fácil y hasta un 40% más barato encontrar alojamiento y moverte. Todo más tranquilo, sin colas, y en noches limpias, alguna aurora boreal.
Una luz tenue y azulada te acompaña por las calles empedradas del casco antiguo, entre murallas y torres de época medieval. Silencio, olor a chimenea y tazas humeantes de glögi (vino caliente especiado) tras los cristales empañados de algún café. El ‘gótico congelado’ de Vanalinn te parecerá un viaje en el tiempo.
Algunos edificios monumentales o bloques de hormigón muestran trazos de la época soviética en los barrios periféricos, que actúan como cortinilla de tránsito a la Silicon Valley del Báltico. La nueva Tallin, con arquitectura contemporánea, ‘start-ups’, cafés de diseño, wifi libre y una energía nórdica-tecnológica sorprendente.
Una escapadita de dos o tres días te da para conocer Tallin. La ciudad vieja, Vanalinn, es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, con sus murallas medievales, la Puerta Viru, Raekoja plats (la Plaza del Ayuntamiento) y Oleviste Kirik (Iglesia de San Olaf). Su torre, de 124 metros de altura, ofrece una vista espectacular de la ciudad de las agujas.
El Castillo de Toompea, actual Parlamento estonio, está en el barrio del mismo nombre. También la Catedral ortodoxa de Alejandro Nevski, con sus cúpulas negras y su impronta moscovita.
En Kesklinn, rodeado de un bonito parque, el palacio barroco de Kadriorg, hoy museo de Arte. Kumu Art Museum, de arquitectura contemporánea, es una de las mejores pinacotecas del norte de Europa y combina arte clásico estonio con exposiciones de vanguardia.
Otros puntos estratégicos de Tallin son Telliskivi Creative City, un antiguo complejo industrial reconvertido en epicentro artístico: murales, galerías, cafés y tiendas de diseño local; y, justo al lado, Fotografiska Tallinn, la versión báltica del museo fotográfico de Estocolmo.
Con un par de días más puedes conocer lugares espectaculares en unos 100 km. La mejor opción es alquilar un coche. Lahemaa National Park. Bosques helados, cascadas parcialmente congeladas, casonas señoriales del siglo XVIII (Palmse, Sagadi, Vihula) y pueblos pesqueros tradicionales como Altja o Käsmu, donde el Báltico se convierte en cristal.
Cerca de la frontera con Rusia, Ida-Virumaa y las minas de ámbar. El Museo del Ámbar, en Narva-Jõesuu. En Rakvere, un espectacular castillo medieval reconstruido y un curioso museo interactivo. En Paldiski y los acantilados de Pakri, un atracón de belleza natural. Hielo, bosque, viento y mar abierto. Y en la isla de Saaremaa, el lago de Kaali está en el cráter creado por el impacto de un meteorito caído hace cuatro mil años.
Podrás presenciar fiestas y tradiciones estonias de invierno como el Año Nuevo Ortodoxo, el 13 de enero, con liturgias especiales en algunas iglesias; el Día de la Independencia, el 24 de febrero, con desfiles, conciertos y ambiente patriótico en Toompea y la Plaza de la Libertad; el Vastlapäev (Martes de Carnaval), con trineos, guisos y el típico panecillo relleno de nata (vastlakukkel). Y hay experiencias ‘obligadas’ como los ‘ritos del frío’: patinar sobre hielo en la Plaza del Ayuntamiento o en el parque Kadriorg y disfrutar de las saunas más baño y spas en Kalev Spa (centro) o Iglupark (en el puerto).
Importante
Documentación: Españoles y comunitarios: DNI/pasaporte. Británicos: pasaporte.
Idioma: En inglés, sin problema en casi cualquier situación. Español básico en hoteles y lugares turísticos.
Cobertura sanitaria: Tarjeta Sanitaria Europea (TSE). Británicos: GHIC (UK Global Health Insurance Card).
Conviene: Un seguro de viajes privado.
Compras: Euro (€). Pagos sin restricciones: Visa, Mastercard, Apple Pay, Google Pay.
Conducción: Por la derecha. Válidos carnets de conducir español y británico.


