Se inició en el teatro sin haberlo visto nunca pero dejó Psicología por las tablas. Se define como ‘clown’ blanco y siente ‘En otra clave’ como su hogar y su familia, pero no esconde que también le apetece probar otras cositas…
“EL CUERPO ME ESTÁ PIDIENDO HACER DRAMA”
Cuenta Rosales que “a los quince nunca había ido al teatro y Pulp Fiction me estalló la cabeza. Con un amigo hicimos el corto ‘¿Ké etcho?’. Técnicamente era muy artesanal pero ganamos el premio Tenerife”. “Cuando acabé el instituto, –añade– me apuntaron en la Escuela Municipal de Teatro de Tenerife. Empecé a ir a clases y se me daba”.
Asegura también que “dejé Psicología en segundo por las tablas. Hice otro corto, del que surgió mi primera obra de teatro profesional y llegaron más oportunidades como ‘Un culo anda suelto’, con Delirium Teatro, que me tuvo medio año de gira entre Madrid y Barcelona y hasta Argentina”.
En 2011 lo llamaron para un casting de ‘En clave de ja’. “Nunca olvidaré mi primer programa con ellos. Me dan dos días y medio para estudiarme el texto. Se graba en directo, con público. Salgo a escena. No hay cuarta pared. Allí, con un zumbido en los oídos, largo el texto completo, todo mecánico por los nervios. Y desde 2013 han contado conmigo”.
En otra clave (nombre actual), la considera “una familia, un matrimonio bien avenido”. Destaca Rosales “dos momentos clave en la trayectoria del programa: la explosión como fenómeno social de Chona –interpretado por Lili Quintana–; y cuando nos descubrieron en Hispanoamérica, durante la pandemia”.
“De Psicología, –explica– descubrí que compartimos la curiosidad por estudiar y desgranar a los personajes. Me dijeron que tengo instinto cómico. Sin embargo, mi personaje principal, Armando, es el contrapunto, la toma de tierra que hace funcionar el disparate circundante. Es el ‘clown blanco’, al que le tiran la tarta. Y, sí, me encanta y tengo mucho de él, aunque también disfruto de la distorsión”.
“Fuera de mi zona de confort, –apunta– alguna vez hice de monologuista y hasta se me ha dado bien, pero no me veo. Para mí es lo más difícil porque tienes todo el peso de la escena. De todas formas, es una puerta que no cierro…” “También tuve una experiencia muy gratificante con el doblaje en Isla Calavera. Había que doblar unos veinte minutos en directo, sin preparación. Allí me vi con Luis Posada, doblador de Johnny Depp, y con Camilo García, que dobla a Anthony Hopkins. Posada me dio su contacto y contemplo algún veranito ir a su academia de doblaje”.
“Estoy preparando algo en cine –confiesa– pero en clave tragedia. Ahora es lo que me está pidiendo el cuerpo, hacer drama. Es un ejercicio de contención y un trabajo emocional muy intenso, pero supone para mí un reto y un crecimiento”.



