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Archipiélago Chinijo

El Archipiélago Chinijo es el grupo de islotes que ves desde los miradores del norte de Lanzarote constituye una reserva de vida salvaje valiosísima en todos los órdenes, con multitud de endemismos, hábitats y especies protegidas.

 

Lejos de ser un puñado de roques yermos, el Parque Natural Archipiélago Chinijo es un territorio plural habitado por múltiples especies protegidas, algunas en peligro de extinción.

Excepto La Graciosa, única isla habitada, el acceso al resto está totalmente restringido. A los islotes de la Reserva Natural Integral, Montaña Clara y los Roques del Este y del Oeste, y a Alegranza solo entran científicos autorizados. Este territorio, ampliado con el Risco, Famara y el Jable, forma una Zona Especial de Protección de Aves (ZEPA 1994) y todo su entorno, 700 km2, constituye la mayor reserva marina de Europa.

Tragsa realiza labores de protección y el área de Medio Ambiente del Cabildo y el Gobierno de Canarias comparten la vigilancia. Junto a ellos, organismos como WWF Adena, SEO/ BirdLife o GREFA estudian y monitorizan esta biodiversidad. De forma puntual también lo hacen el Instituto Español de Oceanografía, el grupo de investigación EOMAR de la ULPGC, el Seabird Ecology Lab de la Universidad de Barcelona y científicos a título personal como Claudia Schuster.

Dos amenazas acechan a la biodiversidad de este territorio y justifican su protección: la actividad humana, especialmente en La Graciosa; y la llegada de plásticos y basura oceánica. Esta última es un problema global cuyo impacto en el Archipiélago queda patente en las investigaciones recientes.

Alicia Herrera Ulibarri, profesora en la ULPGC y miembro de EOMAR, investiga desde 2015 el impacto de los plásticos y microplásticos en Canarias. En un estudio sobre Alegranza explica: “En 2020 retiramos 3.667 objetos; 321 kilos en total, de los que un 97,7% eran plásticos y, entre las botellas con etiqueta, el 66,7% procedía de países asiáticos, lo que apunta al tráfico marítimo”.

«Se han detectado contaminantes químicos en los microplásticos —añade Herrera— y organismos vivos adheridos que emiten dimetilsulfuro (DMS), el ‘olor a mar’ que captan pardelas y paíños con sus quimiorreceptores. Así, estas y otras especies sufren enredos, asfixias y desnutrición. Creen que han comido, pero solo tienen el estómago lleno de plásticos».

La Corriente de Canarias fluye hacia el suroeste y convierte al Archipiélago en un punto caliente de acumulación de basura oceánica. Alegranza es la primera isla en recibir su impacto y especies nidificadoras como la pardela cenicienta y el paíño común son víctimas potenciales directas de estos residuos plásticos.

Del halcón de Eleonor, también especie protegida, se hacen censos mediante anillado y tele seguimiento. También se estudian sus zonas de anidamiento y su deriva migratoria. Llegan desde Madagascar en mayo para interferir las migraciones de Europa a África de pequeños pájaros. Las semillas que estos ingieren explican la gran biodiversidad botánica del Archipiélago Chinijo.

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