«Me siento profeta en mi tierra»
El flujo de la vida y el timple cumplieron sus sueños y la experimentación ha hecho y sigue haciendo el resto. Nuevo trabajo discográfico, un espectáculo escénico-musical y unas ganas infinitas de crear dibujan su horizonte.
De lo que soñó en sus inicios al momento actual, ¿cuál es el balance? Cumplidos, aparcados, superados…
Se han cumplido bastantes cosas, pero no soy de plantearme metas rígidas, más bien de permitir que la vida fluya e ir tomando lo que me ofrece. De hecho, yo no imaginaba dedicarme al timple, pero con él sí que se han cumplido y con creces.
Ha llevado al timple por todo el mundo, le ha dado categoría sinfónica, ha investigado en su etnografía sonora… Pero el timple sigue siendo igual que siempre. ¿Cree que una evolución, por ejemplo un timple eléctrico, le permitiría dar el salto a otro nivel?
Ya existe un timple eléctrico. El lutier David Sánchez lo fabricó y está en el Museo del Timple de Teguise. Y hemos experimentado con él pero requiere mucho más trabajo con sonoridades porque tiene un registro muy agudo y las distorsiones pueden resultar estridentes.
José Antonio Ramos, con el que he trabajado mucho y es muy audaz, creó un timple midi y estuve probando, pero es un campo abierto que requiere echarle muchas horas y yo me quedo con el acústico, que está más en mi registro sonoro. Es un camino abierto, pero que investiguen otros…
«Un folio. Creo que me da más juego»
Sin el timple, ¿qué otro u otros Benitos Cabrera hubieran sido posibles?
La música ha tenido un peso muy grande en mi vida, pero siempre me gustó mucho la guitarra y quería ser concertista. Luego surgió el timple. Y antes la psicología, que casi la acabé y me ha resultado útil como fondo intelectual para la gestión de grupos y en las relaciones sociales. También la medicina… Dr. Benito Cabrera… No. Ya no lo veo.
Me decía que estaba enfrascado en un proyecto. Si me puede adelantar algo…
Varias cosas. Estoy componiendo un repertorio nuevo que se va a titular ‘Atardeceres’ y saldrá de aquí a un año. Es un formato sencillo para timple y guitarra, con mi compañero habitual, Tomás Fariña. Hay cierta continuidad con mi último trabajo, ‘Islópolis’, pero es un concepto más íntimo. Lo más inmediato es presentar Islópolis en distintas actuaciones por Canarias y varias ciudades europeas.
También estoy trabajando en un espectáculo escénico, ‘De jarana’, que mezcla estéticas. Combina baile y expresión corporal, a cargo de Jep Meléndez, con el timple, guitarra y algún instrumento más. En definitiva, experimentación. Es lo que más me preocupa, me ocupa y me encanta. He probado con la Orquesta Sinfónica de Tenerife, con Cristina Ramos, en su momento con los Sabandeños… Es la manera de generar más productividad y una forma de crecimiento personal.
Si le pidiera que me escribiera alguno de sus sueños, ¿necesitaría un folio o un pentagrama?
Un folio. Creo que me da más juego. Y es que más allá de hacer música, me gusta escribir, comunicar.
Los talentos emergentes y algunos ya consolidados… ¿Le piden consejo? ¿Qué les dice o les sugiere?
Hay una relación excelente con los compañeros. Colaboramos, nos retroalimentamos, compartimos. Hay muy buen ambiente y más puesta en común que dar o pedir consejos. Y también tengo más contacto con los de mi generación: Domingo ‘El Colorao’, José Vicente o Germán López…
¿Se siente profeta en su tierra?
En general, sí. Son muchos años viviendo de la música en Canarias y eso que la música es algo delicado. Suele ocurrir que se mira más lo de fuera. Pero a pesar de la presbicia local, sí. Sí me siento profeta en mi tierra.



