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Neocosmic, arquitectura virtual

Se llama arquitectura neocósmica y no existen ‘todavía’ edificios de este estilo más allá de la pantalla de dispositivos, renders o en el metaverso. El concepto de Neocosmic Architecture tiene su impulsor en el diseñador y artista digital Iosif Gkinis, especializado en diseño impulsado por Inteligencia Artificial. Supone un verdadero reto para la propia arquitectura al proponer el mundo digital como campo legítimo de creación, generando espacios estéticos autónomos más allá de lo que ya aporta y supone como herramienta de visualización para la arquitectura convencional.

 

Todo tiene un germen y en este caso lo es Villa Saraceni, una casa ficticia creada digitalmente en Sicilia. Concebida como un sueño visual, sin intención de construcción física, generó confusión en redes porque muchos creían que realmente existía. Pero no.

No hay un manifiesto oficial ni una escuela ‘Neocosmic Architecture’ reconocida, pero su espíritu ya está vivo y varias firmas y estudios vanguardistas exploran su identidad en la intersección entre: arquitectura algorítmica y generativa; IA morfogénesis digital; simulación cósmica y materiales inmersivos; y conciencia ecológica y no-humana. Por otra parte, tiene antecedentes: Generación aleatoria como poética espacial (Christiane Robbins –años 70- imaginaba el espacio como un proceso, no como una forma); la arquitectura como organismo vivo, poética de los datos, estética de datos (Refik Anadol), inteligencia del vacío, y estética de la materia cósmica.

El valor de la Arquitectura Neocósmica estriba en su capacidad de inspirar, experimentar y expandir los límites del diseño arquitectónico. Sus entornos son espectaculares, dramáticos pero fluidos, con un aire cósmico y monumental.

Las bases del concepto Neocosmic son: organicismo neogótico en el cosmos digital;obien,organicismo expresionista virtual. En su estética destacan su verticalidad, dramatismo, carácter monumental, misticismo, oscuridad sublime… Son espacios casi sagrados.

Frente a un exterior mineral, oscuro, tectónico y monolítico (pizarra, hormigón, metal), un interior cálido y humano (madera, luz dorada, texturas suaves) con el minimalismo nórdico como contrapeso. Interiores sobrios, mobiliario esencial, paletas neutras con acentos cálidos. Una elegancia contenida para equilibrar lo monumental. Contraste entre la oscuridad de sus masas exteriores y la luz ámbar que inunda y ‘construye’ sus interiores.

Igualmente significativa es su escala grandiosa e icónica. Son edificios concebidos como esculturas (más o menos) urbanas, hitos paisajísticos o símbolos cósmicos. También en sus interiores, pensados como paisajes más que como espacios. Como experiencias inmersivas más que como habitaciones funcionales. Cavernas, olas congeladas, montañas interiores, geometrías imposibles (hoy día) pero plausibles.

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