Más allá de recursos de la alta cocina como el de AOVE, complementos en platos salados, hay una serie de sabores más cremosos y sofisticados que invitan a disfrutarlos en contraste con alimentos calientes.
Pasados los calores estivales, los helados ligeros y afrutados dan paso a sabores más ricos, cremosos, sofisticados y reconfortantes. ¿Imaginas disfrutar de un helado de chocolate belga, pistacho, o canela mientras ves pelis envuelta en una manta? Los sabores densos y especiados son ideales para los días fríos. Su textura y la sensación de confort que proporcionan maridan perfectamente con café o té caliente.
Helados de crema como el de marrón glacé (castañas glaseadas) o yogur también son opciones fantásticas, ya que aportan una textura cremosa y un sabor profundo y reconfortante. Los helados de frutos secos como el de avellana, nuez, o almendra, además de deliciosos, son una fuente de energía y vitalidad.
Los más sofisticados, para tomarlos con un postre caliente. Por ejemplo, un trozo de ‘brownie’ recién hecho con una bola de helado de chocolate negro belga, de dulce de leche argentino o de caramelo salado. O un ‘crumble’ de manzana servido con un corte de helado de vainilla. La clave del éxito está en el contraste caliente-frío y su combinación con sabores intensos como el café, el chocolate amargo o el toffee. Añade un toque de licor como Baileys, brandy o ron a tu helado para darle un giro invernal.
Otra opción ideal es el helado de mazapán, tal vez la presentación más exótica del típico dulce navideño. Invita a disfrutarlo en combinaciones no menos sorprendentes para un helado, como un gofre o acompañando unas torrijas. Igualmente bien funciona el contraste dulce-salado del helado de tarta de queso o ‘cheescake’. No te olvides de los helados con trocitos: el de galletas Oreo, de stracciatella o el de After Eight, chocolate con base de nata o de menta, respectivamente. Y tampoco desdeñes el frescor suave de los helados tropicales como el mango, guayaba, o el de fruta de la pasión.
En caso de duda, abran paso al rey: el chocolate. En sus versiones clásicas o en las más novedosas y sofisticadas, ningún sabor osa cuestionar su preponderancia. Al chocolate belga, el mejor del mundo; se suman el blanco, el chocolate a la naranja, o sabores con un punto comercial como Kinder Bueno, Nutella, o Ferrero Rocher.


