2026 está marcado en rojo para iniciar la producción del Bugatti Tourbillon, el hypercar híbrido de lujo 1.800 CV, limitado a 250 unidades vendidas antes de empezar a fabricarlo.
Todo en Bugatti es superlativo. Lo son sus datos, prestaciones, su precio: desde 3,8 millones de euros, y lo es el anuncio del inicio de su producción en este 2026. El Tourbillon, primer modelo totalmente nuevo de la era Bugatti Rimac, confirma la tendencia de la firma de distanciarse de modelos 100% eléctricos.
El diseño no se difiere mucho de la estética de su antecesor pero la silueta de la carrocería del Tourbillon es más estilizada. Su chasis es de carbono, sus puertas abren en ‘alas de mariposa’ y su motor carece de cubierta, quedando el bloque a la vista.
Es 75 kg más ligero, con sus 1.995 kg y destacan de su frontal el capó, con aleta incorporada y una parrilla que hace más imponente si cabe su presencia. En la zaga las ópticas son curvas, los colectores de escape integrados, un prominente difusor y destaca en el centro el nombre de la criatura en 3D. Monta unas impresionantes llantas de 22 pulgadas.
El propulsor es su parte más impresionante. Un híbrido enchufable con cuatro motores capaz de hacer 60 km sólo con propulsión eléctrica. El motor térmico, de 8,3 litros atmosférico V16 desarrollado junto a Cosworth, ya da por sí solo 1.000 CV, pero suma 1.800 CV combinado con tres motores eléctricos, con 340 CV cada uno, desarrollados por Rimac.
La potencia conjunta, ayudada por una parte ciclo espectacular, más su doble embrague, su caja de cambios de ocho velocidades y su tracción integral, logran una aceleración de 0 a 100 km/h en dos segundos y una velocidad punta de 445 km/h.
El interior del Bugatti Tourbillon es totalmente nuevo. Destaca el volante, que sólo mueve el aro, dejando fija la parte central. Un impresionante cuadro de mandos analógico y una pantalla digital en el centro, que se puede ocultar para no romper la estética del conjunto.
También muy significativo del interior del Tourbillon: carece de altavoces. Emplea cristales piezoeléctricos de cuarzo y otros materiales sintéticos como el carbono aeroespacial, que vibran de manera controlada al recibir una señal eléctrica. El resto de los paneles internos de la cabina actúan como grandes diafragmas acústicos, logrando que el propio habitáculo desarrolle un sonido envolvente con una calidad sonora “de otro universo”, según asegura Mate Rimac, actual CEO de la marca.


