La revista bilingüe de Lanzarote

Poda escultural

La poda escultural va más allá de la simple y funcional; es una técnica y una forma de Arte en la que el jardinero da formas reconocibles a las plantas o realza su morfología natural.

La poda escultural es una disciplina de jardinería que fusiona arte, técnica y sensibilidad ecológica. Difiere de la poda convencional, que tiene como cuyo objetivo principal controlar el crecimiento o sanear la planta. En la poda escultural el jardinero ‘esculpe’ las plantas. Otorga forma, carácter y presencia visual al conjunto vegetal convirtiendo cada ejemplar en una pieza viva del diseño paisajístico.

Forma y estructura: Se realza la silueta natural de la planta. En especies como Agave americana o Euphorbia canariensis, se eliminan hojas o brazos secundarios para resaltar líneas verticales o curvas. En arbustos como Ficus benjamina o Ficus microcarpa, comunes en Canarias, se modelan las copas y volúmenes con precisión, manteniendo la vitalidad del ejemplar.

Armonía y equilibrio: Una vez podada, la planta además de sana tendrá un aspecto equilibrado y estético. Se considera cómo afectarán la luz y la sombra a la nueva forma y cómo se integrará con el resto de los elementos del jardín, como rocas y otras plantas.

La mejor época es el invierno, pero hay que considerar que no se trata de un único corte, sino de un proceso continuo. Requiere paciencia y visión a largo plazo. Se aplica en jardines públicos y privados con diseño contemporáneo o minimalista, en espacios turísticos o de restauración que buscan transmitir identidad y serenidad. También, en intervenciones paisajísticas en entornos áridos o volcánicos, donde la geometría vegetal contrasta con la piedra. Y se emplean tijeras de poda, sierras finas y cuchillos bien afilados, siempre desinfectados antes de cada uso.

La poda escultural tiene sus raíces en antiguas tradiciones de jardinería orientales que combinaron arte, botánica y filosofía. En Europa, durante el Renacimiento y el Barroco surgió el arte topiario, que consistía en recortar arbustos y setos para crear formas geométricas, animales o arquitectónicas.

Durante el siglo XX, con el auge del paisajismo moderno y del arte ambiental, se recuperan la libertad formal y la observación orgánica orientales; se combina con la precisión estética del topiario; y se introduce una nueva sensibilidad ecológica: el jardinero es ahora un colaborador creativo de la naturaleza, no su dominador.

spot_img
spot_img

Debes leer

Artículo anterior
Artículo siguiente