Un equipo de la Universitat Politècnica de València (UPV) ha desarrollado una herramienta que ayuda a alargar la vida útil de edificios e infraestructuras situados junto al mar. El sistema permite comparar materiales y técnicas constructivas, así como calcular cada cuánto tiempo requiere actuaciones de mantenimiento. El estudio analiza cómo y en qué medida la exposición al aire marino acelera la corrosión del hormigón y reduce la durabilidad de las estructuras.
La clave está en el tipo de cemento. Definitivo tanto en obra nueva como en operaciones de reparación. El cemento resistente a sulfatos (CEM I SR) es la base más eficaz en ambientes marinos. Evita reacciones químicas que fisuran el hormigón en contacto con suelos o aguas salinas. Es una opción consolidada en obra pública y cada vez más común en edificación costera.
El humo de sílice se utiliza como aditivo. Sus partículas ultrafinas densifican la pasta de cemento, reducen la porosidad y refuerzan la protección frente a los cloruros, responsables de la corrosión de las armaduras.
Además de compatibles, estos materiales son complementarios. El CEM I SR (sulforresistente) bloquea el ataque de sulfatos y el humo de sílice impide la penetración de sales. Juntos ofrecen una doble barrera, idónea para zonas marinas, ya sea en obra nueva o en rehabilitación.


